
Si vienes de Facebook, seguramente te quedaste con la intriga de saber qué pasó realmente cuando el pequeño Mateo señaló a la señora Elena. Prepárate, porque la verdad es mucho más impactante de lo que imaginas. La historia de cómo una decisión inocente redefinió el destino de una herencia millonaria y la vida en una mansión de lujo está a punto de desvelarse.
El aire en el gran salón de la mansión Del Castillo era denso, cargado de expectativas y el dulzón perfume de las flores frescas que adornaban cada rincón. Era un aroma que intentaba, en vano, disimular el vacío que la ausencia de la señora Sofía, la difunta esposa de Alejandro, había dejado un año atrás. Alejandro Del Castillo, un empresario de renombre, con una fortuna construida sobre bienes raíces y tecnología, observaba la escena con una mezcla de resignación y esperanza. Su hijo, Mateo, de solo cinco años, se había convertido en el centro de su universo, y también de su más profunda preocupación.
Mateo, un niño de cabello castaño y ojos grandes y melancólicos, estaba sentado en un sillón de terciopelo carmesí que lo hacía parecer aún más pequeño. Sus pies apenas rozaban el suelo pulido. Había un brillo triste en su mirada, una sombra que ni los juguetes más caros ni las promesas más grandiosas lograban disipar. Desde la muerte de su madre, el mundo de Mateo se había vuelto silencioso, a pesar de la constante actividad en la mansión.